Desde el primer calendario usado por la humanidad -calendario Sumerio- hasta el actual calendario Gregoriano, la forma de organizar los días y meses del año ha cambiado significativamente hasta darle forma al almanaque usado en estos tiempos y tan presente en recursos utilizados para la publicidad corporativa.

El calendario actual y definitivo que perdura hasta el día de hoy, fue instaurado por el Papa Gregorio XIII en el año 1582, aún así expertos aseguran que el calendario más perfecto de todos los tiempos fue el calendario Maya, el cual ostentaba mayor precisión astronómica que los otros.

Sin embargo, como con muchas otras costumbres mundiales siempre ha perdurado lo establecido por la iglesia católica.

El calendario Gregoriano antes era conocido como calendario Juliano, ya que las decisiones más determinantes del mismo las ordenó el emperador romano Julio César.

Antes de eso el almanaque presentaba solo 355 días, hasta que también por decisión de Julio César, se añadieron 10 días más para dar precisión a la duración real del año, basado en los movimientos de la tierra alrededor del sol.

Duración de los meses y origen de sus nombres

El calendario Juliano tenía en principio solo 10 meses, empezando por el mes de marzo el cual debe su nombre al Dios de la guerra, Marte. Abril fue llamado así al coincidir con la época de apertura de las flores, tomando su nombre de la palabra en latín, aprilis.

Mayo por su parte, es un homenaje a la diosa romana, Maia, mientras que Junio debe su denominación a la diosa, Juno.

Tomando en cuenta que el año empezaba en el mes de marzo, los meses julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre, tendrían un orden respectivo de quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno y décimo mes, por lo cual a cada uno de ellos se le asigno un nombre basado en la palabra en latín para describir dicho orden.

Obviamente, julio y agosto no concuerdan con esta premisa.

Estos meses en un principio se llamaban Quintilis y Sextilis. Sin embargo el primero fue modificado por Julio Cesar en su honor y con el segundo sucedió lo mismo, pero en este caso fue el emperador César Augusto quien lo reclamó para sí mismo.

Ambos tenían una duración de 30 días hasta que los gobernantes mencionados, cada uno en su momento, removieron un día de febrero para sumarlo al mes en su honor.

Modificaciones definitivas al calendario actual

Con el objetivo de que el calendario coincidiera con las estaciones del año aumentando así su utilidad y precisión, el rey Numa Pompilio, añadió los meses de enero y febrero en honor a los dioses Jano y Februs, respectivamente.

Estos al principio estaban al final del año después del mes de diciembre, hasta que Julio César ordenó que se iniciara el calendario con estos meses.

Más adelante el astrónomo Sosígenes se percató de que el año ya establecido con 365 días y 12 meses, tenía un desfase anual de poco más de 5 horas, por lo cual se añadió un día extra al almanaque cada 4 años.

Así nació el año bisiesto y es lógico que el día 366 que ostentaba este año intermitente, se le asignará al desfavorecido por la historia mes de febrero.

Muchos años después pasaría a ser el calendario Gregoriano, y sería aceptado por la mayoría de los países del mundo con algunas resistencias, como por ejemplo Rusia que solo lo acepto hasta principios del siglo XX.

Por su parte, la semana de 7 días tiene un origen bíblico basado en los que requirió Dios para la creación del mundo, por lo cual ha habido múltiples intentos de modificar esto.

Intentos frustrados de imponer otros calendarios

La mayoría de estas arbitrariedades y autoritarismos han fracasado más por la indiferencia de los ciudadanos que por la acción de los gobiernos que promueven el calendario Gregoriano.

Algunas de estas modificaciones han sido totalmente absurdas y solo encaminadas a imponer intereses particulares o caprichos de diversos gobiernos dictatoriales.

Un claro ejemplo fue el intento nacido en la Francia del siglo XIX en el cual pretendían establecer una semana de 10 días y cambiar el nombre de los meses.

En la Alemania nazi los seguidores de Hitler intentaron también modificar el almanaque inclinándose más hacía el calendario gótico. Ambos intentos fueron desestimados por la sociedad e incluso provocaron la burla internacional. Aún así en ciertas regiones o tribus de la actualidad, existen calendarios distintos.

El calendario siempre ha formado parte de la humanidad, hoy en día lo vemos en casas, empresas, oficinas e impresos en diferentes tamaños y calidades. Aunque el uso del móvil ha hecho que su consumo baje considerablemente siempre vendrá bien tener a mano un calendario personalizado.