En los últimos años, nosotros como expertos, vemos con estupor y hasta con un poco de preocupación cuanto se ha masificado el mercado de la elaboración de tarjetas de visita.

Una actividad que estuvo durante muchos años limitada al ámbito profesional ha sufrido un ataque por partes de algunos ‘’intrusos’’ sin precedentes; ha sido tal la ‘’invasión’’ que cualquiera puede decir que hace una tarjeta de visita, por el hecho de contar sólo con impresora a color y alguna pequeña guillotina manual.

Esta modalidad, sin duda alguna, ha afectado la visión que el usuario tiene de lo que significa este producto, de su elaboración y de la importancia que tiene su acabado cara a su presentación a posibles socios, clientes y colaboradores.

Profesionalidad

Como profesionales, sentimos la imperiosa necesidad de aclarar a nuestros usuarios algunos aspectos que involucran la impresión de una tarjeta de esta índole, y hablar del grave error en el que incurren al encargar lo que podría representar una puerta abierta a su éxito laboral a gente sin experiencia en su elaboración.

En primer lugar, de ninguna manera se puede comparar la calidad del material utilizado en el taller de una imprenta con una cartulina, o tinta de impresión domestica; de esta misma forma es importante resaltar que aunque cuentes con profesionales, si haces un pedido vía Internet y en ningún momento tienes la oportunidad de hablar con un operario o agente autorizado, que te ponga en conocimiento de cómo va tu pedido, y a quien puedas solicitarle por ejemplo una modificación de textos o imágenes, sino que por el contrario una vez hecho y abonada la cantidad de su coste, debas sentarte a esperar resignado simplemente que llegue tu caja a la puerta de casa, estarás expuesto a no quedar conforme con la calidad del producto final y a que por cuestión de economía no puedas prescindir de un artículo con el que no estas conforme.

Es importante su contenido, textos e imágenes, si, claro que si. Pero es igualmente importante contar con una tarjeta cuya calidad en todos los aspectos sea incuestionable, y que conjugue en cada ejemplar el buen hacer, calidad y experiencia de la imprenta que has contratado.

La recomendación es clara y contundente: Olvídate de hacer una tarjeta de visita en casa, o que se amigo con un poco de ingenio la haga para ti. El mercado es implacable y nadie olvidará a ese empresario o profesional autónomo que trajo consigo a una reunión una tarjeta de visita cuyo acabado delataba su elaboración en casa.

Del mismo modo, notará y pondrá siempre ala vista, en cuyo corte se note total simetría y cuya exactitud se haya conseguido a través de maquinaria de última generación, y cuyo diseño haya estado a cargo de un experto en la materia.

El acabado de tu tarjeta, no es un asunto que se pueda negociar; no caigas en la red. Tú y tu empresa se juegan mucho, a la hora de poner sobre un escritorio una dispositivo hecho por un amateur.

El precio a pagar por una producción en la que tu seas tan sólo un número de expediente y una dirección de envío será mucho; o la utilizas porque no te queda otra opción, o la tiras a la basura, para hacer una nueva, perdiendo el dinero invertido, acción que a día de hoy no puede permitirse ningún autónomo, emprendedor o gerente de empresa cuyos objetivos estén claramente trazados.